martes, 17 de septiembre de 2013

"ABDUCCION"

Todos los fines de semana solíamos reunirnos los tres en alguna zona alta de la montaña. Éramos fieles seguidores de las historias de ovnis y extraterrestres, aunque nunca habíamos visto nada que nos hiciese pensar que podrían existir.

Siendo aún muy pequeños, nos juntábamos e inventábamos juegos y cuentos sobre naves espaciales y alienígenas. Entrados en la adolescencia comenzamos a investigar sobre este tema, guardando cada foto y recorte al respecto como si fuese un tesoro.

Nico se había casado el año pasado y estaba esperando su primer retoño en apenas dos meses. Tomás se casaría en un año. Y yo... simplemente no había encontrado a nadie que me aguantase, mis padres habían fallecido hacía cinco años víctimas de un accidente, así que no debía explicaciones a nadie. A pesar de tener nuestras vidas más o menos encauzadas y ocupadas, encontrábamos nuestro hueco para dedicar a lo que más nos apasionaba, y no perdíamos la ilusión de algún día encontrar alguna prueba de vida extraterrestre.

Siempre pensé que ese sueño que tantas veces se repetía en mi mente casi todas las noches, era producto de mi obsesión por el tema. Soñaba que me encontraba delante de un extraño mar de color violeta, la arena de la playa se hallaba llena de conchas de formas extrañas y colores brillantes, el cielo en vez de azul, era de un lila claro que contrastaba tremendamente con las nubes que sí eran blancas, y por encima un gran sol de color rojo. Caminaba hacia la vegetación dejando atrás el agua, y me encontraba con un increíble paraíso lleno de colores, los árboles vestían unas bellas hojas de color azul sobre unos gruesos troncos grises, las flores de diversos colores se confundían con las singulares mariposas que revoloteaban alrededor. Más adelante conseguía distinguir una gran ciudad llena de altos edificios acristalados de formas desiguales y originales. Apuraba mi paso para acercarme allí, pero cuanto más me apresuraba, más despacio me desplazaba y nunca conseguía acercarme lo suficiente para ver la ciudad y sus habitantes. Y siempre despertaba melancólico y nostálgico sin saber porqué.

Este fin de semana las chicas (por parte de ellos, claro está) nos lo daban enterito para nosotros, así que habíamos decidido ir a la montaña más alta que había por la zona, -quedaba solo a cuatro horas de la ciudad-, así que cargando nuestra tienda y demás equipaje para el fin de semana, el viernes nos dirigimos hacia allí esperando traer de vuelta alguna ilusión cumplida.

Cuando llegamos a nuestro destino, ya había anochecido. Montamos la tienda ayudados de unas linternas, en una zona llana que quedaba resguardada del viento. Después de cenar algo, decidimos subir al pico un rato. Solo estuvimos un par de horas, la semana pesaba encima nuestra y estábamos cansados, además la noche estaba oscura. Quizás mañana tendríamos más suerte y el cielo nos haría un regalito.

El sábado transcurrió tranquilo y divertido, después de una mañana de pesca, nos dispusimos a comer y a descansar un rato, queríamos aguantar por la noche lo máximo posible allí arriba.

Después de un día despejado y soleado, llegó una noche luminosa, la luna brillaba inmensamente en medio de un cielo de estrellas. Subimos de nuevo al pico, ahora preparados con nuestros telescopios y unas mantas por si refrescaba.

Tras un par de horas, tan solo habíamos conseguido ver un par de estrellas fugaces en medio de aquella inmensidad, cuando de repente una fuerte luz vino por el oeste deslumbrándonos, al momento perdimos el sentido, lo siguiente que recordaba era mi cuerpo elevándose mientras observaba a mis amigos desmayados en el suelo de la montaña completamente indefensos y temí por ellos, no por mí.

Según iba subiendo, comencé a distinguir la nave que me estaba abduciendo, era alargada con grandes e intensos focos de luz azul envolviendo toda su forma, la luz que me izaba a mí, era de un amarillo tan fuerte que daba la sensación de quemazón en los ojos. Una vez dentro y cuando mis ojos se habían acostumbrado a la poca luz del interior, distinguí la presencia de tres seres, que si no fuera por sus ropas diría que eran humanos. El de más edad se acercó  a mí y levantando su mano a modo de saludo me dijo:
  • Hola J365, hace mucho tiempo, pero no has cambiado mucho.
Esto era lo que siempre había querido encontrar, pero parecía que me conocían y eso no me gustaba...
  • ¿Quiénes sois? -acerté a preguntar titubeando-
  • Hace muchos años J365, cuando no eras más que una pequeña criatura, tus padres en afán de protegerte abandonaron “Piradiam” nuestro planeta, la guerra inminente causaría muchas bajas civiles, y gran cantidad de familias como la tuya buscaron destinos alternativos en zonas similares a nuestro planeta.
  • ¿Guerra? ¿Qué guerra? -quizás la cena me había sentado mal y estaba con alucinaciones-.
  • Un planeta vecino “Somitric” con el ansia de crear un gran imperio decidieron atacarnos con la idea de arrebatarnos lo que tantos años nos había llevado conseguir: un pueblo pacífico y moderno con todo a nuestro alcance, buena tierra, parajes maravillosos, mares increíbles y animales de lo más diverso. Acordamos que en cuanto todo acabase, recogeríamos a todas las familias repartidas por el universo. Y hoy es el día, la guerra ha acabado y nosotros hemos vencido, venimos a buscarte, sabemos que A757 tu madre y que N963 tu padre han muerto.
  • ¿Y como se que me decís la verdad? -pregunté intrigado-
  • Por tus sueños -me dijo el viejo-.

¿Cómo podían saber lo de mis sueños? Ni tan siquiera Nico y Tomás lo sabían, no se lo había contado a nadie más que a mis padres, los cuales sonreían felizmente cada vez que se los relataba. Ahora entendía esa felicidad.

Y sin pensarlo, partí con ellos, no sin antes bajar a despedirme de mis amigos rogándoles que no contasen la verdad a nadie, simplemente deberían decir que durante un baño nocturno, me había hundido en las frías aguas del río sin que nada pudieran hacer para evitarlo.


Prometiendo volver algún día, me despedí de mis amigos sintiendo felicidad por los tres, ya que habíamos encontrado lo que siempre habíamos soñado.

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