
Siendo
aún muy pequeños, nos juntábamos e inventábamos juegos y cuentos
sobre naves espaciales y alienígenas. Entrados en la adolescencia
comenzamos a investigar sobre este tema, guardando cada foto y
recorte al respecto como si fuese un tesoro.
Nico
se había casado el año pasado y estaba esperando su primer retoño
en apenas dos meses. Tomás se casaría en un año. Y yo...
simplemente no había encontrado a nadie que me aguantase, mis padres
habían fallecido hacía cinco años víctimas de un accidente, así
que no debía explicaciones a nadie. A pesar de tener nuestras vidas
más o menos encauzadas y ocupadas, encontrábamos nuestro hueco para
dedicar a lo que más nos apasionaba, y no perdíamos la ilusión de
algún día encontrar alguna prueba de vida extraterrestre.

Este
fin de semana las chicas (por parte de ellos, claro está) nos lo
daban enterito para nosotros, así que habíamos decidido ir a la
montaña más alta que había por la zona, -quedaba solo a cuatro
horas de la ciudad-, así que cargando nuestra tienda y demás
equipaje para el fin de semana, el viernes nos dirigimos hacia allí
esperando traer de vuelta alguna ilusión cumplida.
Cuando
llegamos a nuestro destino, ya había anochecido. Montamos la tienda
ayudados de unas linternas, en una zona llana que quedaba resguardada
del viento. Después de cenar algo, decidimos subir al pico un rato.
Solo estuvimos un par de horas, la semana pesaba encima nuestra y
estábamos cansados, además la noche estaba oscura. Quizás mañana
tendríamos más suerte y el cielo nos haría un regalito.
El
sábado transcurrió tranquilo y divertido, después de una mañana
de pesca, nos dispusimos a comer y a descansar un rato, queríamos
aguantar por la noche lo máximo posible allí arriba.
Después
de un día despejado y soleado, llegó una noche luminosa, la luna
brillaba inmensamente en medio de un cielo de estrellas. Subimos de
nuevo al pico, ahora preparados con nuestros telescopios y unas
mantas por si refrescaba.
Tras
un par de horas, tan solo habíamos conseguido ver un par de
estrellas fugaces en medio de aquella inmensidad, cuando de repente
una fuerte luz vino por el oeste deslumbrándonos, al momento
perdimos el sentido, lo siguiente que recordaba era mi cuerpo
elevándose mientras observaba a mis amigos desmayados en el suelo de
la montaña completamente indefensos y temí por ellos, no por mí.

- Hola J365, hace mucho tiempo, pero no has cambiado mucho.
Esto
era lo que siempre había querido encontrar, pero parecía que me
conocían y eso no me gustaba...
- ¿Quiénes sois? -acerté a preguntar titubeando-
- Hace muchos años J365, cuando no eras más que una pequeña criatura, tus padres en afán de protegerte abandonaron “Piradiam” nuestro planeta, la guerra inminente causaría muchas bajas civiles, y gran cantidad de familias como la tuya buscaron destinos alternativos en zonas similares a nuestro planeta.
- ¿Guerra? ¿Qué guerra? -quizás la cena me había sentado mal y estaba con alucinaciones-.
- Un planeta vecino “Somitric” con el ansia de crear un gran imperio decidieron atacarnos con la idea de arrebatarnos lo que tantos años nos había llevado conseguir: un pueblo pacífico y moderno con todo a nuestro alcance, buena tierra, parajes maravillosos, mares increíbles y animales de lo más diverso. Acordamos que en cuanto todo acabase, recogeríamos a todas las familias repartidas por el universo. Y hoy es el día, la guerra ha acabado y nosotros hemos vencido, venimos a buscarte, sabemos que A757 tu madre y que N963 tu padre han muerto.
- ¿Y como se que me decís la verdad? -pregunté intrigado-
- Por tus sueños -me dijo el viejo-.
¿Cómo
podían saber lo de mis sueños? Ni tan siquiera Nico y Tomás lo
sabían, no se lo había contado a nadie más que a mis padres, los
cuales sonreían felizmente cada vez que se los relataba. Ahora
entendía esa felicidad.
Y
sin pensarlo, partí con ellos, no sin antes bajar a despedirme de
mis amigos rogándoles que no contasen la verdad a nadie, simplemente
deberían decir que durante un baño nocturno, me había hundido en
las frías aguas del río sin que nada pudieran hacer para evitarlo.
Prometiendo
volver algún día, me despedí de mis amigos sintiendo felicidad por
los tres, ya que habíamos encontrado lo que siempre habíamos
soñado.
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