Me
hallaba en la plenitud de mi vida, un novio que me adoraba, una
familia cariñosa y un trabajo que disfrutaba. ¿Qué más podía
pedir?
Normalmente
Dani venía a recogerme al trabajo todas las tardes, y cuando no lo
hacía regresaba caminando, no era mucho trayecto y aprovechaba para
ver tiendas o hacer algún recado.
Una
tarde intuí que alguien me seguía, solo era un presentimiento pero
lo suficientemente fuerte como para creer en él. Me giré y varias
personas se dirigían en la misma dirección que yo pero no conseguí
distinguir a nadie que que estuviese a esa labor. Deseché ese
pensamiento, seguro que era una tontería.
A
la hora de comer siempre volvía sola y esa sensación seguía en mí,
aunque en ninguna ocasión aprecié a nadie. Día tras día esa misma
percepción me perseguía, llegando a obsesionarme tanto que
observaba a la gente con desconfianza. Nunca le comenté nada a mi pareja,
no quería preocuparlo, probablemente era algo con lo que me había
obcecado sin razón.

Todos
comenzaron a decir que me notaban ausente y distraída, y así era,
no conseguía concentrarme en nada, había perdido interés en todo,
incluso en los momentos íntimos con mi novio.
Era
lunes por la noche. Después de cenar me fui para la cama con
intención de leer un rato. No había quedado con mi chico ya que me
sentía cansada y pretendía ir temprano para la cama. Estaba
pensando en ir al psiquiatra ya que no era normal lo que me estaba
pasando, además me estaba afectando en todo. Debería contárselo a
Dani para que me entendiese, lo tenía confundido y pensando que
nuestra relación se estaba enfriando.
Después
de leer un rato, me dispuse a dormir. Apoyé mi libro en la mesilla y
apagué la luz de la lamparita. No había hecho más que acomodarme
buscando postura cuando una luz blanca y potente iluminó mi
habitación.

- He venido a buscarte, supongo que ya lo sabes, llevo días persiguiéndote, dejando que sientas mi presencia para que puedas ser consciente de lo que te va a pasar...
- Si -contesté- hace días que soy consciente de que alguien me sigue, pero ¿quién eres?
- ¿Todavía no lo sabes?¿No te dice nada mi aspecto? -la fuerza y dureza de su voz, imponía-.
Mi
corazón latía descontrolado, la misma muerte estaba delante de mí,
reclamando mi alma. El vello se erizó en mi piel y mi respiración
entrecortada me ahogaba...
- ¡Soy el futuro y el fin de todas las personas, y ahora es tu momento! He intentado hacerte sentir mi presencia, para que supieses que llegaba tu final y dejases zanjados todos tus asuntos, pero mostrándote esquiva has evitado la recepción del mensaje y ya no puedo retrasar más el momento.
No
podía ser verdad, llevaba días sin ver a mi familia. A mi chico lo
tenía confundido y hacía tiempo que no le decía cuanto lo amaba.
No era justo marcharme así. Necesitaba más tiempo...
- Lo siento -continuó- no puedo darte más tiempo, ahora deberás acompañarme y si tienes temas pendientes dispondrás del que necesites vagando entre los vivos hasta que dejes todo resuelto.

en el otro lado,
el descanso sería plácido y eterno.
Me gusta todo lo que e leido, pero creo que algunos relatos son muy tetricos, como si tuvieses una obsesión con la muerte. Ojo no es critica, es opinión
ResponderEliminarNo te preocupes, aunque fuese una crítica no sería nada malo, las acepto encantada. Con respecto a la muerte no es obsesión, quizá curiosidad, supongo que lo que no entendemos o no podemos entender, todo lo que sea misterioso crea una cierta atracción. Gracias por tus comentarios. :D
ResponderEliminarLa muerte no tiene tanta importancia, ocurre y desaparecemos para siempre, es el final a partir del que ya no hay consciencia ni pensamiento ni quejas ni remordimientos. La muerte solo le preocupa al que cree que luego habrá otra cosa.
ResponderEliminarProbablemente tengas razón. Para muchos la muerte es un misterio, me gustaría creer que hay algo más para asi poder vivir mejor, por lo menos más en paz, pero como no lo sabemos, a disfrutar el día a día, que es lo que nos queda.
EliminarUn beso Alfonso.