viernes, 4 de octubre de 2013

"EL FARO" (1ª parte)

Habían alquilado un pequeña casa alejada de todo. Necesitaban unos días a solas aislados del bullicio y el estrés. Tiempo para ellos.

La oportunidad se había presentado de la mano de Jonás, un compañero de trabajo de Ian; pertenecía a su familia y llevaba años sin habitarse. Estaba en buen estado aunque llena de polvo. Un día sería suficiente para adecentarla ya que era pequeña, una habitación, un baño y una cocina americana era todo su contenido, lo más llamativo era el precioso porche con vistas hacia el acantilado, que regalaba una visión espectacular del mar y de un antiguo faro en desuso.

Había pertenecido a un tío-abuelo de Jonás, que era el encargado del funcionamiento del faro. Después de su muerte misteriosa nadie había vuelto a vivir allí y el faro quedó abandonado.

La limpieza de la casa no les había llevado más que medio día, así que después de comer acordaron ir hasta el faro, se sentían como dos chiquillos a punto de hacer una travesura.

La puerta estaba abierta así que accedieron sin dificultad al interior. Una sala los recibió con una mesa debajo de una ventana con su silla, y una cama en el otro lado. No había más mobiliario. Supusieron que allí no hacía vida, seguramente debido a la cercanía de su casa.

Subieron las escaleras de caracol que llevaban a la parte superior, allí estaba todo el mecanismo de funcionamiento del faro. No eran grandes entendidos en el tema, pero parecía funcionar a la antigua usanza, una garrafa de acetileno tirada en un lado así lo hacía entrever, aún no había llegado la electricidad a la torre.

Lisa, curiosa por naturaleza, rebuscando por los cajones encontró una preciosa caja de madera tallada que al abrirla sonaba una preciosa melodía que envolvió el ambiente, en su interior contenía unas cartas...

Ante la negativa de Ian consiguió su propósito llevándose la caja, con la promesa de que se la devolverían a Jonás a su regreso. Después de un rato admirando las vistas, decidieron volver.

La noche los envolvió con sus alas mágicas, encontrándose en una pasión arrebatadora y sensual. Desde que habían llegado los niños sus relaciones habían cambiado, no es que fueran peores, pero no podían explayarse como a ellos les gustaba.

De madrugada, algo despertó a Lisa, una potente luz iluminaba la habitación por momentos. Despertó a su marido desorientada y para cuando se asomaron a la ventana todo era oscuridad.

Él la tranquilizó asegurando que sería algún avión o un helicóptero que sobrevolaba la zona, incluso algún barco cercano a la costa que pudo haber encendido un foco para apreciar algún obstáculo rocoso. Sin dar más importancia al episodio, siguieron durmiendo en un plácido abrazo.

Los días siguientes resultaron plenos para la pareja, disfrutando del entorno y las playas de la zona, buscando al llegar el atardecer la soledad que tanto ansiaban. Las noches sin embargo se volvieron insomnes para Lisa, despertaba asustada afirmando que veía luces y presencias en la habitación. Cada noche sus sensaciones iban empeorando, llegando a afectar a su comportamiento por el día, mostrándose decaída y triste. Solo parecía relajada cuando recostada en la hamaca del porche se dedicaba a leer las cartas que habían encontrado en el interior de la caja.

Ian intentando hallar una explicación a lo que le ocurría a su esposa, intuyendo que esas cartas tenían mucho que ver, comenzó a preguntarle que es lo que decían. Ella mirándolo con los ojos brillantes comenzó a explicarte. Eran cartas de amor redactadas por una mujer hacia su amante, con seguridad para el tío-abuelo de Jonás, un amor prohibido por la familia de la joven; esos escritos transmitían mucho sentimiento y amor, y una impotencia tan grande por no poder hacer realidad sus deseos, que sus letras entraban en el corazón igual que puñales afilados. En una de ellas, precavía al hombre de que querían asesinarlo, que huyese lo más lejos posible, pues si él moría, ella se mataría. En la ultima carta datada el veintiuno de mayo de mil ochocientos ochenta, la muchacha rogaba que se fuese, esa noche irían a por él asegurando nuevamente que su suicidio sería lo sucesivo. No había más cartas posteriores.

Hablar de las cartas entusiasmaba a su mujer, pasando después a una situación de desamparo que lo asustaba. Le propuso ir de nuevo al faro, quizás buscando encontrarían algo que confirmase lo que finalmente había ocurrido. Tal vez allí dentro hallarían lo que estaba atormentando y perturbando a Lisa.


Se mostró radiante con la idea y acordaron que al día siguiente iniciarían la búsqueda.

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