miércoles, 16 de octubre de 2013

"EL DIARIO"

María se sentía triste, amargada y llena de odio, su amiga desde que eran pequeñas, Amalia, le había arrebatado lo más importante y lo que más quería en su vida, a Miguel, su gran amor, su pareja, su compañero, su mejor amigo... solo ella sabía cuanto lo amaba. Siempre había compartido con ella todos sus problemas y secretos, y nadie más que Amelia había estado en los malos y buenos momentos. Desde que había conocido a Miguel, ella había sido su confidente y consejera, por eso ahora no entendía que se hubiese inmiscuido en su relación, arrancándole de cuajo sus ilusiones puestas en él.

Paola y Sandra la habían animado para ir a tomar algo juntas, le vendría bien desahogarse y distraer un poco la mente, pero ese día no era una buena compañía para nadie. Ansiaba llegar a casa y refugiarse en su dolor, la traición había sido de los dos, no culpaba solo a Amelia, dos personas no hacen algo si una no quiere... sentía una rabia tan dentro que se culpó por no haber sido capaz de detectar las intenciones de su antes amiga.

En casa nada la entretenía, así que recordando un viejo diario que había encontrado en el desván cuando había comprado aquella casa, decidió buscarlo y comenzar a escribir todo lo ocurrido, -podría servirle como terapia, desahogando en él toda su pena, mostrando en sus palabras el odio que sentía ahora por esas dos personas-.

Como recordaba lo había guardado en un cajón de la cómoda de su habitación. Lo cogió con suavidad y abrazándolo contra su pecho se dirigió hacia la sala con el ánimo de comenzar a escribir un poco.

En la portada se distinguían dos fotos de una misma joven vestida con traje de época, en la primera se hallaba desolada llorando a lágrima viva, y en la segunda una amplia sonrisa dibujaba su rostro. Estaba sin estrenar y sus páginas interiores habían adquirido un color amarillento debido al paso del tiempo. Mientras pasaba las hojas, algo cayó de su interior, se agachó para recogerlo, era una pequeña nota, y al desdoblarla apreció unas letras casi ilegibles, encendiendo la lampara de la pequeña mesa del ordenador, acercó al foco aquel pequeño papel para intentar leer lo que allí decía:

             "Tus vivencias escribirás
             y al detalle las relatarás,
             pero cuidado con lo que deseas,
             que en tu contra se volverá".

Era extraño, pero no le dio importancia, con seguridad la dueña del diario lo había escrito, quizás con la intención de comenzar a relatar sus vivencias en aquel block. sin darle más trascendencia lo tiró.

Comenzó a escribir relatando como había sido su relación con Miguel desde el principio, y como la que consideraba amiga la había despojado de su futuro arrebatándole al hombre de su vida. Expresó al detalle toda la rabia y malos sentimientos hacia la pareja, deseando que algo le arrebatase la vida a Amelia.

Al día siguiente por la tarde, su amiga Paola la llamó para comunicarle una mala noticia, que a ella la deleitó llenándola de felicidad. Amelia, sin saber como había ocurrido, se había precipitado al vacío desde el décimo piso donde ella vivía falleciendo en el acto.

Se sintió radiante de felicidad, ¡Dios pone a cada uno en su sitio! -pensó- y con disposición se dirigió a su escritorio para contarle a su diario las nuevas y gratificantes noticias. Embelesada por la situación, continuó escribiendo deseando un nuevo encuentro con su amor.

Se presentó en el entierro, no por Amelia, sino por sus padres, les tenía mucho aprecio ya que siempre se habían portado muy bien con ella. Incontables veces se había quedado a dormir en su casa, donde se sentía cómoda como en la suya propia.

Al finalizar el acto, Miguel se acercó a ella preguntándole si le apetecía ir a tomar un café, tenía algo que decirle. Sin demostrar su entusiasmo, aceptó la invitación y pensó que quizá podría caber la posibilidad de una reconciliación.

Y no estaba equivocada, él entristecido le contó lo mal que se había sentido los últimos días, se había dado cuenta del error cometido, la echaba mucho de menos y estaba a punto de dejar a Amelia cuando ocurrió el accidente. Lo besó con mucha ternura, aceptando sus disculpas y comenzando de nuevo su relación donde la habían dejado.

Esa noche el diario fue el testigo de su gran felicidad. Comenzaba a intuir que éste tenía mucho que ver con los últimos acontecimientos. Así pues, decidió hacer una prueba. Llevaba cinco años en la empresa como administrativa, y ansiaba pasar al departamento de dirección, era un ascenso considerable en el que su salario se vería multiplicado, además estar al lado de los altos cargos subiría su reconocimiento ante sus compañeros. Comenzó a escribir deseando ese ascenso soñado, y al finalizar, sonrió pensando que al fin las cosas saldrían como deberían de ser, con Miguel a su lado y un cargo importante en la empresa.

A la mañana siguiente, recibió una llamada de teléfono en la oficina, solicitaban su presencia en el despacho del director general en la sexta planta. Sus sospechas se habían confirmado, y ella previsoramente se había preparado para la ocasión, esa mañana se había puesto su mejor traje de chaqueta, le sentaba muy bien realzando su figura incluso haciéndola mejorar, se había dado un poco de maquillaje muy suave, resaltando su mirada con un poco de eyeliner y de rímel, y se había esmerado en su cabello que lucía rizado en una preciosa y brillante melena negra. Como esperaba, la ascendían directamente a secretaria del director general, saltándose por el medio varios puestos.

¡Tenía el mundo a sus pies! podía sentir su poder, en sus manos estaba la posibilidad de hacer lo que quisiera con su vida y con la de los demás. Ahora lo que más ansiaba era que Miguel le pidiese matrimonio. Estaba agotada, había sido un gran día, así que detallando brevemente lo ocurrido en el día y haciendo su petición, se fue directa a darse un buen baño.

Algo llamó su atención cuando una vez fuera de la bañera, mientras secaba su cuerpo, en su hombro sintió un tacto extraño, acercándose al espejo de medio lado distinguió una fea mancha del tamaño de una mandarina que iba desde la parte anterior a la posterior, era de un color muy oscuro, casi negro e intentando frotarla fue consciente de que no salía, era algún problema en su piel. Restó importancia al episodio, con ese diario en su poder todo carecía de importancia. Después de escribir en él pidiendo la desaparición de la mancha, se acostó tranquila en compañía de su amado Miguel, esperando que llegase enseguida el próximo día, en el que sabía que él le haría una petición muy deseada.

Como esperaba, Miguel se lo pidió. Era sábado y después de pasar el día en casa, la llevó a cenar a un bonito y caro restaurante, donde a la luz de las velas y acompañado de un violinista, expresó su deseo de hacerla su esposa, entregándole un precioso anillo de brillantes que se ceñía perfectamente a su dedo.

Acordaron el matrimonio para dentro de un mes, y excusándose se retiró un momento con intención de ir al aseo, el curioso diario la acompañaba dentro de su bolso, y sacándolo redactó una petición más, entonces todo sería perfecto, quería ser la directora general, con eso tendría bastante por el momento, ¿qué más podía pedir? Bueno, una bonita y gran casa no estaría mal, así que continuando la pidió.

Al día siguiente los despertó el teléfono muy temprano, no eran más que las ocho de la mañana. El sr. Gómez, miembro del consejo de directivos de la empresa, requería su presencia urgente, algo grave había ocurrido.

Observando su entorno aun dormida, fue consciente de que su casa, no era la de siempre, asomándose en la ventana pudo distinguir un precioso jardín con un entrada espectacular. Pero ahora tenía prisa, ya se ocuparía en ver todo a su regreso.

Se encaminó apresurada a la ducha, donde comprobó que la mancha no solo no había desaparecido, sino que ahora era más grande, ocupando todo su hombro al completo. Sin preocuparse, de eso se ocuparía más tarde, se duchó, saliendo disparada de la preciosa y nueva casa.

En el despacho todo era confusión, el director general había fallecido esa noche en su casa, y el nuevo proyecto que tenían en vistas, necesitaba de la supervisión y la gestión de alguien. Nadie lo controlaba más que ella, que había trabajado minuciosamente en él. Así que por unanimidad le otorgaban el cargo a ella de manera indefinida.

Llegó a casa radiante, contando la nueva y gran noticia a Miguel, que mostrándose entusiasmado la abrazó colmándola de besos. La casa era enorme, más de lo que ellos necesitaban, pero a ella le gustaba así, una gran mansión como cumbre a su amor.

No había pensado pedir nada más a su diario por el momento, más que la desaparición de esa fea mancha, pero pensó que Miguel también merecía un reconocimiento en su empresa. Trabajaba en un gabinete de abogados, había encontrado ese trabajo nada más licenciarse, pero no se estaba realizando como era debido, más bien lo usaban para pequeños casos sin importancia y de fácil resolución. Así que deseó efusivamente que lo nombrasen socio, de esta manera llevaría los casos más importantes.

El despertador sonó y pensó que se acababa de meter en cama, estaba muy cansada y le dolía terriblemente su hombro. Una vez en el baño, se horrorizó al ver la amplitud que había cogido la mancha, abarcando parte de su cuello y su pecho, y por detrás ocupando todo el costado.

Una vez vestida, se colocó un pañuelo atado, con el animo de que no se viese esa horrible mancha que adornaba su cuello, tal vez enfrascada en grandes deseos, no había requerido con bastante interés que la mancha desapareciese. Al volver del trabajo lo intentaría nuevamente.

Le costó arrancar en el trabajo, se sentía aletargada y somnolienta, además el nuevo puesto le generaba mucha ansiedad, realmente no estaba preparada para él, había sido demasiado precipitada al pretenderlo. En cuanto recibió una llamada telefónica de Miguel, el día pareció transcurrir mejor, al otro lado de la línea se mostraba totalmente enfervorizado, le habían propuesto ser socio del bufete, algo que lo había hecho muy dichoso. La fue a recoger al trabajo al finalizar su jornada, mostrándose embriagado de entusiasmo ante la nueva oportunidad laboral.

Cuando llegaron a casa, se sentía febril y el dolor del hombro se había trasladado por toda su espalda afectando a sus piernas. Aún así, se dedicó unos instantes para escribir en su diario suplicando que al día siguiente esa mancha ya no existiese, ni el malestar que la estaba torturando.

Después de una terrible noche llena de dolores y sueños confusos y sin sentido, llegó la mañana. Se sentía peor incluso que el día anterior, aún así se obligó a levantarse, no podía faltar ahora al trabajo cuando se esperaba tanto de ella. En cuanto entró en el aseo, un grito resonó en toda la casa. Miguel se presentó allí con rapidez, y en cuanto la vio una expresión de desagrado se dibujó en su rostro.

Toda su bella cara era una horrible mancha negra, desnudándose pudo apreciar que casi cubría todo su cuerpo. Sin pensarlo, Miguel cubriéndola con una bata la sacó de allí, deberían ir al hospital...

Una vez allí cursaron un parte de ingreso, nadie sabía lo que tenía... Después de dos días, no había centímetro de su cuerpo que no estuviese cubierto, sufría de terribles dolores que la torturaban día y noche, y extraños delirios la inquietaban martirizando su mente, hablaba de un diario maldito y le pedía a Miguel que lo quemase, que era el mal...

Después de días de pruebas y muchos dolores, le detectaron un extraño caso de cáncer de piel fugaz, le quedaba muy poco de vida, así que le aconsejaron a Miguel que la mejor opción era sedarla dado el sufrimiento que le estaba causando, y que así se fuese apagando sin sufrir. Entendiendo que era lo mejor que podía hacer por ella, aceptó. Y solo tardó un día en abandonar su tormento y el de los que la rodeaban...

Días después, Miguel hizo llegar a los padres de María todas sus cosas personales. En una de las cajas, oculto entre libros se hallaba el diario, que sus padres por respeto a ella no habían sido capaces de leer, quemándolo en una pequeña hoguera.




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