domingo, 15 de septiembre de 2013

"PENA DE MUERTE"

Allí estaba en ese asiento mortal, solo faltaban unos minutos para que activasen todos los circuitos que harían circular por mi cuerpo ese flujo de corriente eléctrica que acabaría de manera irremediable con mi vida.

En esos pocos minutos, recordé animosamente como había sido mi pasado y pensé que aunque tuviese este final, había valido la pena...

La primera vez que maté un ser vivo, no tenía más que tres años. Mi padre había colocado en mis manos un pequeño pajarito y sin que él pudiera evitarlo, apreté fuertemente mis manitas y comencé a sentir chorrear ese líquido rojo y caliente. Mi camiseta se había manchado completamente, y sentía la mancha húmeda y viscosa pegada a mi piel ¡Esa sensación me había encandilado! Mi padre no dio importancia al episodio, seguramente debido a mi corta edad.

A los cinco años maté estrangulado al gato de los vecinos, nadie se enteró. Y me sentí apesadrado recordando la sangre corriendo por mi cuerpo y que en esta ocasión no se había dado.

Y de ahí en adelante, ya no paré... Hasta los quince años fueron distintos animales, a los que me gustaba torturar y hacer sufrir hasta límites insospechados, los depellejaba, les sacaba los ojos, les cortaba alguna articulación, los quemaba... todo lo que se me ocurriese que causase gran sufrimiento, servía.

A los quince años torturé y asesiné a mi primera víctima humana. Una linda niña de mi edad, que vivía cerca de mi casa a la que llevé engañada diciéndole que necesitaba ayuda, pues mi perro se había quedado atrapado en una trampa en el interior del bosque. Nos adentramos en él rápidamente, la ansiedad me torturaba, seguramente ella pensó que mi nerviosismo era debido a mi pobre perro.

Una vez allí la amordacé y la ate a un árbol sacando toda su ropa. Recordaba sus ojos inundados en lágrimas aterrorizados. Comencé a quemar su cuerpo con un mechero por distintas partes de su anatomía, haciendo especial hincapié en sus senos jóvenes, continuando después con mi navaja dibujando hermosos dibujos en su piel, la sangre goteaba y eso me excitaba enormemente. Finalmente sin poder evitarlo, como llegando a la cumbre de un momento sexual, me lance con fuerza y agresividad clavando mi utensilio por todas partes, destrozando la preciosa cara de la joven.

Cuando la encontraron dijeron que algún monstruo se había cebado con ella. Había sufrido de una muerte dolorosa, lenta y atroz. Y me sentí realizado.

Ya no podía detenerme, me recreaba con cada nuevo asesinato, deseando encontrar otra víctima enseguida. Yo creo que mi propia ansia fue la que me trajo aquí. Debería haber sido más paciente seleccionando mejor a mis mártires.

Nunca había tenido problema con mis elegidas, siempre mujeres, ya que difícilmente me harían cara, el terror las paralizaba y eran fácilmente manejables.


Hasta que dí con ella. La encontré paseando por la orilla del rio, ya había anochecido y no había nadie por la zona. Yo estaba agazapado entre unos matorrales, esperando el momento. Cuando así lo consideré, salí de mi escondrijo en silencio y agarrándola por detrás intenté tirarla al suelo con idea de atarla y amordazarla. Me cogió completamente por sorpresa, no esperaba una reacción igual, se agachó impulsando con su espalda mi cuerpo y me zapateó contra el suelo. Me levanté con rapidez asiendo en mi mano mi nuevo cuchillo, con intención de herirla sin causar un daño mortal, no podía matarla sin ver el sufrimiento de la tortura en sus ojos, sobre todo a ella que se había enfrentado a mí. Yo no tenía miedo, estaba terriblemente excitado por la situación...

Después de unos segundos de observación mutua, atrapando mi mano, la que contenía el cuchillo, ejercitó una llave de defensa que me hizo caer al suelo de cabeza, golpeándome con una piedra canteada que estaba semi-enterrada. Y perdí la consciencia. En el hospital supe que era una agente encubierto que estaba investigando la oleada de asesinatos que había por la zona. Nunca supe si había sido una trampa o la encontré casualmente, realmente daba igual...


Por su culpa, ahora me hallaba allí, próximo a mi muerte. Pero era indiferente, volvería, tenía que terminar todo lo que había comenzado, en mis veintitrés años no había acabado de realizar todo lo que tenía pensado, muchos asuntos pendientes permitirían mi vuelta. Encontraría la manera aunque fuese reencarnado...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada