lunes, 23 de septiembre de 2013

“MELANCOLIA”

Llevaba una semana sin verlo y sin hablar por teléfono. Lo que en principio fue un alivio, se tornó en una mezcla de sentimientos rotos que me causaban nostalgia y tristeza.

Todo había comenzado con una tonta pelea, las más intensa hasta ahora, lo demás habían sido pequeños enfados sin importancia y que ni siquiera era algo habitual en nosotros. Quizás por ello la bronca había causado tal resultado.

Ahora era consciente de lo que amaba a ese hombre y de lo mucho que lo necesitaba. Extrañaba sus besos, sus abrazos, sus caricias. Melancólicamente recordaba nuestros encuentros sexuales tan placenteros y el hacerlo me excitaba sutilmente.

El enfado había sido un absurdo. Después de una romántica cena, cuando nos hallábamos esperando a que nos sirvieran el café, descubrí en una de las mesas del fondo a mi ex-pareja Nico. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, así que disculpándome un momento de Luis, me acerqué a su mesa con ánimo de saludarlo. Habíamos estado ocho años juntos y aunque la relación no cuajó sentía por él mucho cariño, era buena persona y siempre me había tratado muy bien. Lo que en principio iban a ser unos minutos, se volvió casi  media hora.

Cuando regresé a la mesa, pude atisbar una expresión de disgusto en el rostro de Luis. Pidiendo la cuenta me sugirió el irnos para casa. Ya en el coche comenzaron los reproches, dejando caer que estaba liada con Nico. Una vez en casa ya fue insostenible, gritos e insultos por ambos lados, lo que acabó con mi decisión de romper con él invitándolo a que abandonase el domicilio conyugal. Sin mediar palabra preparó una maleta con algunas de sus pertenencias diciéndome que en unos días ya pasaría a recoger el resto, y se marchó...

Desde ese día no volví a saber nada de él, me sentía muy apenada y afligida. Decidí llamarlo por teléfono, tomaría el paso puesto que Luis se había ido de nuestra casa porque yo lo obligué.

Descolgué el teléfono y marqué su número, comunicaba. Volví a intentarlo y el resultado fue el mismo. Colgué pensando tristemente que quizá estaba hablando con alguna chica, yo lo había apartado de mi lado.

Me refugié en el sofá envuelta en una manta, no porque hiciese frío, simplemente ese "acocho" me hacía sentir un poco mejor en compañía de esa soledad que me torturaba.

Alguien llamó a la puerta y cuando abrí, estaba Luis allí plantado, tan guapo y atractivo como de costumbre. Un simple “hola” fue su saludo y yo le respondí invitándolo a pasar.

Mi corazón iba a mil, a pesar de que él parecía indiferente y ausente. No me miraba y eso me dolía amargamente. Me preguntó mirando hacia el suelo como me encontraba y mi respuesta fue un “mal” muy lastimoso.
  • Vengo a recoger mis cosas -me dijo- y también estoy mal -continuó en un susurro- ¡Te echo de menos Tania! ¿qué es lo que nos pasó? ¡Eramos la pareja perfecta!
  • Te quiero Luis -no pude menos que decir- y me está volviendo loca esta situación ¡no puedo vivir sin ti! -dije mientras unas lagrimas resbalaban por mis mejillas-.


Ahora sí me miró a los ojos, con mucha dulzura secó con sus dedos las lagrimas de mi rostro, y me besó con tanta ternura y tanto amor que me hizo estremecer, era como si nada hubiese pasado. Elevándome en sus brazos me dirigió a nuestro dormitorio, y allí me poseyó con una pasión arrebatadora haciéndome sentir que realmente estábamos hechos el uno para el otro, conectados ya de por vida.

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