domingo, 22 de septiembre de 2013

"EL CONEJITO OREJAS-LARGAS"


El día que nació el pequeño conejo, todos los animales del bosque habían organizado una gran fiesta, era temporada de nacimientos y él parecía ser el último. Los papás llevaban a sus crías junto la cuna del pequeño para que lo conociesen, sabiendo que en pocos meses irían todos juntos al colegio.



Llego la época de ir cargados con sus mochilas, todos habían crecido mucho y a nuestro amigo el conejo sus orejas se habían desarrollado tanto, que le arrastraban por el suelo. No quería ir al cole, tenía miedo que el resto de animalitos se riesen de él, pero su mamá consolándolo, le dijo que en cuanto se hiciese adulto, sus orejas serían normales, además si tenían ese tamaño, seguramente sería por algo.

Los primeros días fueron terribles para él, tenía que soportar risas y tirones de orejas de sus compañeros, definitivamente no iba a tener amigos y aunque su mamá decía lo contrario, no entendía que uso le podría dar a esas feas y grandes orejas.

Una tarde a la vuelta de sus clases, le pareció escuchar unos gritos. El siempre procuraba adelantarse para no tener que soportar las bromas de los demás. Paró el paso y afinó sus oídos. Si, percibía palabras de socorro muy cerca del sendero. Volvió hacia atrás adentrándose un poco en el bosque, cuando se encontró un profundo agujero con varios de sus compañeros allí atrapados.

El pequeño zorro Fufú, la liebre Tolona, la ardilla Sofía y el osezno Tino le pedían ayuda muy asustados. Se pensó en ayudarlos, no se lo merecían, ellos habían sido los que peor se habían portado con él de toda la clase. Pero no era malo, no podía dejarlos allí. Y se le ocurrió que sus orejas-largas por fin tendrían un uso.

Se acostó boca a bajo, deslizando sus orejas dentro del agujero para que sus amigos pudiesen subir. Y así fue, uno a uno fueron saliendo del agujero, y una vez fuera, abrazaron a su nuevo amigo pidiéndole perdón. Y a partir de ese día fue querido por todos y ya no le llamaban “el conejito orejas-largas”, ahora lo llamaban por su nombre “el conejo Tifón”.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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