domingo, 15 de septiembre de 2013

"CATASTROFE"

Las noticias de la mañana eran bastante desalentadoras y catastrofistas. Anunciaban una gran tormenta eléctrica en todos los puntos del mundo, de origen desconocido y que podría llegar a afectar al sistema gravitatorio de la tierra.

Acordamos no mandar a los niños al colegio, ni mi marido iría a trabajar a pesar de que los pronósticos eran para mañana. Llamamos por teléfono a nuestra primogénita para que viniese a refugiarse con nosotros. Se encontraba ya en su quinto mes de embarazo, no podíamos permitir que sufriese ningún tipo de daño.

Nuestra casa había pertenecido a mis abuelos maternos ya fallecidos. El abuelo había sido una persona temerosa de la vida moderna y de las nuevas tecnologías. Siempre decía que tantas investigaciones como las clonaciones, el acelerador de particulas, mutaciones artificiales del ADN y demás experimentos, terminarían por ocasionar una catástrofe que desencadenaría en el fin del mundo.

Había construido en el bajo de la casa, una especie de refugio completamente aislado del exterior y que quedaba totalmente sellado, disponía de ventilación gracias a un sistema de última generación de renovación de aire. Todo un sistema de cableado perfectamente ubicado garantizaba que no faltase la electricidad y las comunicaciones. Curiosamente, pese a lo que él opinaba, había construido el refugio haciendo uso de todo lo que le aterraba, cuando nos metíamos con él, nos decía que ciertas modernidades eran necesarias y útiles, pero ciertos experimentos se les escaparían de las manos a nuestros científicos y las consecuencias serían muy graves. Hasta su muerte hacía un año, había estado trabajando en su zulo para dejarlo lo más cómodo y moderno posible. Que profético resulto ser el abuelo...

Pasamos toda la mañana bajando alimentos y todo lo necesario para un par de meses, no sabíamos cuanto podría durar. Cuando llegó nuestra hija mayor acompañada de su novio, ya estaba todo listo. Nuestros cuatro hijos pequeños, jugaban en la sala ajenos a lo que nos venía encima.

Eran las cinco de la tarde y fuera estaba todo tranquilo. La gente paseaba sin preocupación. Quizá nosotros nos habíamos dejado llevar por las ideas futuristas que nos había inculcado el abuelo.

De repente, un bebé era arrancado de los brazos de su madre por una fuerza invisible y comenzó a elevarse ante los gritos angustiosos de su madre que no tardó ni diez segundos en elevarse también. Acto seguido todo lo que estaba alrededor comenzó a ascender, perros, personas, plantas...

En un momento, el cielo estaba cubierto de personas, era una imagen dantesca y aterradora, rápidamente fueron engullidos por una cantidad de nubes oscuras y tupidas comenzando una gran tormenta eléctrica.

Bajamos todos corriendo al refugio a escondernos del horror que se estaba viviendo fuera. Los pequeños lloraban asustados, aún no les habíamos contado nada de lo que podría pasar, no queríamos asustarlos y finalmente fue peor, no estaban preparados para lo que habían visto.
Rezamos toda la noche, pidiendo que esta catástrofe no fuese el final de la humanidad. Por la mañana las noticias eran tristes aunque positivas. Se contaban por miles las personas desaparecidas en todas partes del mundo, víctimas de una fuerza de origen desconocido que las había elevado para después desaparecer entre las nubes ante una gran tormenta.

Lo peor había pasado, aunque recomendaban por precaución permanecer en los refugios hasta nuevo aviso. Se esperaba alguna tormenta más en los próximos días, pero de menor intensidad en cada ocasión, hasta que por fin todo volviese a la normalidad.

Y pensé en el abuelo no pude menos que darle la razón, esto era solo un aviso, quizá la próxima vez, no tendríamos tanta suerte.




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